lunes, 26 de diciembre de 2011

Recuerdos de existencia

Pero lo peor de vivir en un pueblo es ver como las personas ancianas (la gran mayoría) con las que has compartido tu tiempo, con las que has establecido amistad y con las que has conversado tan gratamente se esfuman, tan rápido que a uno no le da tiempo de autoconcienciarse de la pérdida. Cuando tañen las campanas, solo puedes esperar para saber el nombre del fallecido/a y ,es en esos minutos antes de la noticia cuando tu cerebro se sumerge en un mar de recuerdos sin dueño. Te dicen la noticia. Te asombras (fingiendo o sin fingir). Tu mente se nubla y por unos instantes eres incapaz de razonar las más sencillas ideas, pues acabas de descubrir, o redescubrir, una de las preguntas racionales más arcaicas: la razón de la existencia. Es entonces cuando te das cuenta de lo efímera que es la vida y, aunque sabes que no vas a hacer nada para remediarlo, sigues reflexionando sobre ello hasta que la idea se disipa poco a poco de tu mente.

Pasado un tiempo, no te acuerdas de nada: ni de su nombre, ni de su casa,.... De nada. Pero cada vez que encuentras algo que lo/a relacione, vuelven a ti los recuerdos de su existencia. Solo eso. Toda una vida en una sola frase: De mis cenizas, surgirán los recuerdos; de mis recuerdos, surgirá el olvido.

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